El nuevo Clase S no es solo una berlina de representación; es un búnker de silencio absoluto. La arquitectura del sistema E-Active Body Control de 48V es una obra maestra: leer la carretera para anular las inercias es el tipo de ingeniería que recordamos de los mejores años de la marca.
Sin embargo, como en toda búsqueda de la perfección, hay sacrificios. La tensión de diseño entre el peso del vehículo (inevitable ante tanta tecnología) y la agilidad que Mercedes intenta compensar con su dirección trasera de 10,5º es notable. El coche maniobra como un compacto, sí, pero la física sigue estando ahí.
Mi veredicto técnico: La ergonomía ha dado un paso atrás. Sacrificar los mandos físicos del climatizador en favor de una pantalla táctil es un error ergonómico que obliga a desviar la mirada. Un coche de este nivel —y con este caché— debería contar con ruedas físicas metálicas que proporcionen esa respuesta táctil sublime. Esperamos que Mercedes recapacite en próximos modelos, igual que ha sabido recuperar la esencia de musculatura frontal que no veíamos desde el mítico 190 E.
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No te quedes solo con el texto. He diseccionado cada componente del Clase S al límite para que entiendas qué ocurre realmente bajo el capó.
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